Cada 21 de febrero celebramos el Día Mundial para la Protección de los Osos. El oso andino (Tremarctos ornatus), también conocido como oso de anteojos o ukumari en quechua, es un animal emblemático de los Andes con presencia en países como Ecuador, Bolivia, Venezuela, Colombia y nuestro país. En el territorio peruano ocupa una gran variedad de ecosistemas, desde bosques secos y montanos nublados hasta pajonales andinos y selvas altas, moviéndose por lugares donde puede encontrar alimento y refugio en altitudes que van aproximadamente desde los 200 hasta los 4 750 metros sobre el nivel del mar.
En esta fecha especial, revisamos la situación del oso andino en nuestro país: las principales amenazas que enfrenta, los avances en su conservación y los desafíos pendientes. Además, conversamos con Fabiola La Rosa Camino, especialista en Mecanismos de Conservación de WWF Perú, quien nos ayuda a entender por qué protegerlo es clave para nuestros ecosistemas.
¿En qué estado está el oso andino?
En el Perú, el oso andino está clasificado como “Vulnerable” según la legislación nacional, lo que lo ubica en la primera categoría dentro del grupo de especies amenazadas y refleja una situación de riesgo que exige esfuerzos continuos de conservación. Esta condición impulsó la aprobación del Plan Nacional de Conservación del Oso Andino (2016–2026), que busca recuperar sus poblaciones y proteger sus hábitats, promoviendo acciones como investigación científica, manejo sostenible y participación comunitaria
Según ese plan en el país se estima una población de alrededor de 5750 individuos. Además, el documento señala que “se calcula que es posible que existan en libertad alrededor de 18 250 ejemplares en todo su rango de distribución (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, sur de Panamá y norte de Argentina)”.

El oso andino cumple un rol ecológico clave al dispersar semillas, contribuyendo a la regeneración del bosque y al mantenimiento de ecosistemas saludables y conectados. (Foto: Kevin Schafer – WWF Perú)
«El arquitecto de los bosques»
Su papel en la naturaleza es fundamental. El oso andino necesita grandes territorios para moverse y, en ese recorrido, va dispersando las semillas de los frutos que consume, ayudando a que nuevos árboles y plantas crezcan en distintos lugares. Así contribuye a mantener la diversidad y la salud de los bosques andinos, convirtiéndose en un aliado esencial para la salud y conectividad de los bosques.
Por eso, proteger al oso andino es también proteger los bosques y paisajes que necesita para vivir. Mantener estos espacios conectados permite que se desplace, se alimente y se reproduzca. En ese sentido, cada 21 de febrero es una oportunidad para colocar la atención sobre esta especie que nos recuerda que su conservación trasciende lo simbólico: cuidar al oso andino es salvaguardar el equilibrio natural que sostiene la vida en los Andes y la Amazonía, y reafirmar la responsabilidad colectiva de proteger los ecosistemas de los que todos dependemos.
Avances y evaluación del Plan Nacional de Conservación del oso andino en el Perú
Desde 2016, la especie cuenta con un Plan Nacional de Conservación, liderado por el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), que ha permitido ordenar esfuerzos, generar información técnica y promover la articulación entre el Estado, organizaciones de la sociedad civil, academia y cooperación internacional. Este primer periodo de implementación culmina este año y actualmente se encuentra en evaluación para recoger resultados y lecciones aprendidas.
«Actualmente, estamos en revisión de ese proceso y próximamente podremos contar con los resultados de este primer periodo de implementación del plan. El objetivo es traducir estos esfuerzos a un lenguaje común que derive en resultados tangibles que nos orienten sobre estos cambios en la conservación de la especie», explica a Inforegión Fabiola La Rosa Camino, especialista en Mecanismos de Conservación de WWF Perú.
Entre los avances más importantes destaca la actualización de la distribución del oso andino a nivel nacional, un trabajo impulsado por Serfor que integra información de distintas fuentes para identificar núcleos de conservación y corredores de conectividad, elementos fundamentales para una especie que requiere amplios territorios y paisajes continuos para sobrevivir. Según la especialista La Rosa, hoy se reconocen dos ámbitos territoriales clave: uno en el sur, articulado alrededor del Santuario Histórico de Machu Picchu y liderado por el Sernanp; y otro en el norte, en los Andes de Piura y Cajamarca, un corredor estratégico que incluso asegura la conectividad transfronteriza con Ecuador.

Osos andinos en el Santuario Histórico de Machupicchu. (Foto: Sernanp)
El oso andino enfrenta diversas amenazas, entre ellas la deforestación, la expansión agrícola, los incendios forestales, la caza ilegal y los conflictos con actividades humanas que reducen y fragmentan su hábitat. A este escenario se suma un desafío cada vez más complejo: el cambio climático.
“El aumento de la temperatura está promoviendo desplazamientos altitudinales de las zonas ecológicas y una mayor fragmentación del paisaje, lo que incrementa el riesgo de aislamiento poblacional y pérdida de conectividad”, advierte la especialista de WWF Perú.
Estos cambios no solo transforman los ecosistemas donde vive, sino que reducen la disponibilidad de alimento y aíslan a las poblaciones, limitando su capacidad de desplazarse y adaptarse.
La situación es especialmente delicada para una especie como el oso andino, si se considera su baja tasa de reproducción, sus largos periodos de vida y la necesidad de amplios territorios para sobrevivir. Estas características hacen que su recuperación frente a cambios ambientales acelerados sea lenta, lo que incrementa su vulnerabilidad ante presiones ya existentes.
«El oso andino enfrenta una probable reducción y fragmentación de su hábitat, desplazamientos hacia mayores altitudes y posibles alteraciones en la disponibilidad de alimento, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a otras presiones humanas ya existentes», precisa Fabiola La Rosa.
Frente a este escenario, las iniciativas de conservación, como las que se impulsan en el Santuario Histórico de Machu Picchu, en el sur, y en los Andes de Piura y Cajamarca, en el norte, están apostando por trabajar de manera articulada en el territorio para mantener los bosques conectados y asegurar espacios donde el oso pueda desplazarse y alimentarse.
En ese marco, se viene «promoviendo la coordinación interinstitucional y la participación activa de actores locales en la planificación y gestión del territorio, y sobre todo en la conservación de sus recursos», explica la especialista de WWF. La idea es proteger al oso andino que no depende solo de un área protegida, sino del compromiso conjunto de autoridades, comunidades y organizaciones que comparten el mismo paisaje.
Hacia un futuro compartido
Proteger al oso andino es mucho más que salvar a una especie emblemática, es cuidar los bosques de neblina, páramos y montañas que almacenan agua, capturan carbono y sostienen una enorme diversidad de vida. Al ser una especie “paraguas”, su conservación ayuda también a resguardar el hábitat de muchas otras especies y a mantener ecosistemas de los que dependen miles de familias en los Andes.

En el Perú, la población del oso andino se estima en alrededor de 5750 individuos, según el Plan Nacional de Conservación liderado por el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre. (Foto: Kevin Schafer – WWF Perú)
Mirando hacia adelante, los esfuerzos de monitoreo científico, la restauración de hábitats y las iniciativas de educación ambiental y participación comunitaria son pasos claves para fortalecer la conservación del oso de anteojos y su entorno. La coordinación entre instituciones, organizaciones y pobladores locales ayuda a proteger a esta especie y a promover un uso más sostenible del territorio que favorezca la convivencia entre las personas y la vida silvestre.
En el Día Mundial para la Protección de los Osos, recordamos que cuidar al oso andino no es tarea de un solo sector, sino un compromiso compartido. Su futuro depende de cómo decidamos cuidar hoy nuestros bosques y territorios, y de asumir que protegerlo es también proteger el lugar donde vivimos.
5 datos clave
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Cada individuo tiene marcas faciales únicas, como si fueran “huellas dactilares”, lo que ayuda a investigadores a identificarlos en estudios de campo.
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Su dieta es mayormente herbívora basada en frutos, brotes, cactus y bromelias, aunque también puede consumir insectos, huevos o pequeños animales cuando surge la oportunidad.
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A diferencia de otros osos, el oso andino no hiberna, ya que en gran parte de su área siempre hay alimento disponible durante todo el año.
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Esta especie aparece en la cosmovisión andina y amazónica, siendo vista en algunas culturas como mediadora entre el mundo de los vivos y el de los muertos o como creador de la vida.
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Es un excelente trepador: construye plataformas o “nidos” en lo alto de los árboles para descansar y alimentarse, una conducta poco común entre los osos y adaptada a los bosques andinos donde vive.
