En el marco del Día Internacional de la Mujer, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp), rinde homenaje a las profesionales que lideran la protección de la biodiversidad en el país. A través de sus testimonios, cinco lideresas exponen los desafíos de romper brechas de género y el impacto transformador de su labor en los territorios que custodian.
Las voces que protagonizan esta conmemoración pertenecen a mujeres que ocupan roles estratégicos en distintas regiones: Carola Carpio Martínez (jefa de la Reserva Nacional Matses), Karla Tito Ramos (especialista de Turismo del Parque Nacional Tingo María), Sirley Bernabé (jefa del Santuario Histórico Bosque de Pómac), Bertha Jorge Herrera (especialista del Santuario Histórico de Machupicchu) y Mariela Cuadros (jefa de la Oficina de Asesoría Jurídica).
El desafío de abrirse paso en el campo
Trabajar en la conservación exige un alto nivel de entrega física y técnica, un ámbito que históricamente ha estado liderado por hombres. Karla Tito señala que demostrar que «la capacidad no tiene género» y tomar decisiones en condiciones exigentes de campo ha sido un reto constante en su carrera.
A este desafío profesional se suma el personal. Bertha Jorge confiesa que uno de los mayores obstáculos es lograr un equilibrio entre la vocación y la familia, dado que la conservación demanda un profundo compromiso y presencia en el territorio que a menudo implica ausencias en el hogar. Sin embargo, coincide con Mariela Cuadros y Carola Carpio en que, a pesar de las barreras históricas para acceder a cargos de liderazgo, la participación de las mujeres está cambiando positivamente el enfoque de la conservación.

¿Qué aportan las mujeres a la gestión ambiental?
Las lideresas coinciden en que la presencia femenina enaltece y diversifica las estrategias de protección del medio ambiente. Entre sus principales aportes destacan:
- Visión integral y comunitaria: Aportan una sensibilidad social y una capacidad de escucha que son esenciales para sostener procesos de conservación a largo plazo, además de una gran capacidad de resiliencia y organización.
- Liderazgo inclusivo: Fomentan el empoderamiento de otras mujeres en las comunidades nativas y locales, integrando el conocimiento tradicional al manejo sostenible de los recursos naturales.
- Conexión profunda con el territorio: Ven la conservación no solo como un trabajo técnico, sino como un acto de cuidado, protección y herencia. Bertha Jorge resalta que cuidan la tierra con la misma dedicación con la que cuidan a sus familias.
Redes de confianza y legado
El impacto de estas profesionales trasciende las fronteras institucionales. Al ocupar espacios en la toma de decisiones, se convierten en referentes que inspiran a guardaparques, emprendedoras y lideresas comunitarias a involucrarse activamente en proyectos turísticos y ambientales. «El liderazgo femenino no compite, se suma y se potencia», afirma Bertha Jorge sobre las redes de apoyo y aprendizaje mutuo que se construyen en el campo.
Al mirar hacia atrás y reflexionar sobre el camino recorrido hablando con sus «niñas interiores», el sentimiento unánime es de orgullo y validación. Mariela Cuadros le diría a su niña interior que siga soñando en grande porque lograron llegar al mundo ambiental para crear normas que mejoren al país. Sirley Bernabé, por su parte, le confirmaría que está exactamente en el lugar perfecto, trabajando para que las futuras generaciones disfruten de los ecosistemas únicos de la naturaleza.

A las mujeres que desean forjar un camino en este sector, el mensaje es claro y contundente. Karla Tito las insta a «no esperar permiso para ocupar su lugar», mientras que Mariela Cuadros resume la esencia de esta labor con una poderosa frase final: «Cuando veas a una mujer trabajando por la conservación, ten por seguro que lo hace por convicción».
