Para cientos de familias en la cuenca amazónica, el bosque ha dejado de ser visto únicamente como un santuario intocable para convertirse en una fuente activa y sostenible de ingresos. En el distrito de Parinari (Loreto), un total de 511 pobladores participan en la comercialización de productos como el aguaje, fortaleciendo sus economías locales.
A través de la implementación de Declaraciones de Manejo, comunidades como San José de Parinari, Santa Rosa de Lagarto, San Roque 7 de Junio y Tangarana desarrollan actividades productivas sin recurrir a la tala de árboles, en un enfoque orientado al uso sostenible de los recursos forestales.
Autonomía indígena y empresas ecológicas
El caso de Loreto no es aislado, sino parte de un movimiento mucho más amplio donde las poblaciones originarias asumen el protagonismo de la economía forestal. Actualmente, más de 2 mil comuneros fortalecen sus capacidades para gestionar sus territorios bajo modelos de empresas ecológicas y desarrollo sostenible.
Gran parte de este esfuerzo es liderado por las propias bases. De este grupo, más de 1600 pobladores pertenecen a organizaciones clave como la Asociación Nacional de los Ejecutores de Contratos de Administración de las Reservas Comunales del Perú (ANECAP), pioneros en la cogestión de reservas junto al Estado, así como AIDESEP, CONAP y CNA. En regiones como Amazonas, Loreto, San Martín y Ucayali, estas redes están demostrando que las comunidades son los mejores guardianes y administradores de la selva.

El impacto real en la economía regional
La formalización de actividades forestales en comunidades amazónicas viene modificando las dinámicas económicas locales. Poblaciones que antes operaban en esquemas de subsistencia ahora acceden a permisos de exportación y establecen vínculos directos con mercados internacionales, lo que reduce la intermediación y mejora sus ingresos.
En paralelo, la mejora técnica en más de 545 centros de transformación maderable y no maderable ha permitido reducir pérdidas de materia prima y aumentar la rentabilidad de la producción local. De acuerdo con estimaciones del sector, esta economía forestal comunitaria podría representar entre el 10 % y el 16 % del Producto Bruto Interno (PBI) en regiones como Loreto, Ucayali y Madre de Dios.
Si bien entidades como el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) establecen los marcos normativos, la implementación de estas actividades recae en las propias comunidades. En ese contexto, el director ejecutivo de la entidad, Erasmo Otárola, señaló durante el Día Internacional de los Bosques: «El bosque es una oportunidad real para mejorar la calidad de vida de las comunidades. Cuando se maneja de manera sostenible, impulsa economías locales y asegura el futuro».
Este enfoque posiciona al manejo forestal comunitario como una alternativa económica basada en el aprovechamiento sostenible de los recursos, con impactos directos en los ingresos y la gestión del territorio.


