Durante mucho tiempo, la historia del «oro blanco» del Perú —el guano de las islas— se ha centrado en la fiebre económica del siglo XIX. Sin embargo, un reciente estudio científico ha reescrito esta cronología, demostrando que el verdadero dominio de este recurso comenzó siglos antes de la llegada de los españoles, siendo el secreto detrás del poderío del Reino Chincha.
La investigación, centrada en el valle de Chincha al sur de Lima, combina arqueología, historia y análisis químicos avanzados para confirmar que las comunidades indígenas ya fertilizaban sus cultivos de maíz con guano de aves marinas al menos desde el año 1250 d.C.
La química de la historia: Lo que revela el maíz antiguo
¿Cómo pueden saber los científicos qué tipo de abono usó un agricultor hace 800 años? La respuesta está en los átomos. El equipo de investigación realizó un análisis de isótopos estables de carbono, nitrógeno y azufre en 35 mazorcas de maíz recuperadas de contextos funerarios y domésticos que datan desde el Período Intermedio Tardío hasta la época colonial.
El hallazgo clave fue la presencia de valores inusualmente altos de nitrógeno-15 ($\delta^{15}N$) en las muestras de maíz antiguo. En la naturaleza, las plantas terrestres rara vez alcanzan estos niveles por sí solas. Los valores encontrados (superiores a +20‰ en muchos casos) son una «huella digital» química que solo deja un fertilizante extremadamente potente y de origen marino: el guano de aves.
Al comparar estos datos con los isótopos de 11 aves marinas arqueológicas (incluyendo el cormorán guanay, el piquero peruano y el pelícano), los investigadores lograron establecer un vínculo directo e innegable: el maíz que alimentó a la densa población de Chincha creció gracias a los nutrientes del Océano Pacífico.

La presencia de valores inusualmente altos de nitrógeno-15 en el maíz antiguo constituye una huella química inequívoca del uso de guano de aves marinas como fertilizante, conectando directamente la agricultura con los nutrientes del Océano Pacífico. (Foto: Difusión)
El motor de una potencia en el desierto
El valle de Chincha es uno de los más productivos de la costa peruana, pero también uno de los más áridos. Para sostener a una población estimada en más de 30,000 contribuyentes —una sociedad compleja de agricultores, pescadores y mercaderes—, el agua de riego no era suficiente. El suelo arenoso del desierto necesitaba nutrientes.
El estudio sugiere que la fertilización con guano fue la pieza faltante que permitió la expansión sociopolítica del Reino Chincha. Al aplicar este fertilizante, rico en nitrógeno, fósforo y potasio, los agricultores chinchanos lograron:
- Mantener la fertilidad del suelo a pesar del cultivo intensivo.
- Aumentar el rendimiento del maíz, un cultivo sagrado y base de la alimentación.
- Sostener una gran densidad demográfica en un entorno hostil.
Más valioso que el Spondylus: La alianza con los Incas
Históricamente, se ha creído que el poder de los mercaderes de Chincha radicaba en su comercio de Spondylus (una concha sagrada de aguas ecuatoriales). Sin embargo, esta investigación propone una nueva hipótesis: el guano era la verdadera moneda de cambio.
Cuando el Imperio Inca se expandió hacia la costa, incorporó al Reino Chincha de manera pacífica, una rareza en la historia de las conquistas andinas. Los registros históricos relatan que el Señor de Chincha era la única persona a la que se le permitía ser llevada en litera en presencia del Inca Atahualpa, un honor sin precedentes.
Los investigadores sugieren que esta deferencia se debía al control que tenían los Chincha sobre el guano. Los Incas, maestros de la agricultura, valoraban este recurso por encima de muchos otros tesoros, llegando a imponer la pena de muerte a quien matara a una ave guanera. El acceso al fertilizante habría sido estratégico para la expansión agrícola del Tahuantinsuyo, otorgando a los señores de Chincha un estatus privilegiado dentro del imperio.

Los investigadores sugieren que el control del guano permitió una alianza pacífica con el Imperio Inca, otorgando a los señores de Chincha un estatus privilegiado incluso frente a Atahualpa. (Foto: Difusión)
Arte y Ecología: Un conocimiento ancestral
La conexión entre el mar y la tierra no era solo técnica, sino también espiritual y artística. El estudio destaca cómo la iconografía de la época —presente en cerámicas, textiles, remos de madera y frisos— muestra repetidamente aves marinas asociadas con peces y plantas de maíz.
Estas representaciones no eran meramente decorativas; funcionaban como un medio para transmitir conocimiento ecológico. Los antiguos peruanos entendían que la abundancia de las aves marinas (como el guanay, el piquero y el pelícano) estaba intrínsecamente ligada a la fertilidad de sus campos agrícolas.
Un legado de sostenibilidad
Más allá del hallazgo arqueológico, este estudio resalta la sofisticación de la ingeniería agrícola andina. Mientras Europa entraba en la Edad Media, los agricultores de la costa peruana ya habían desarrollado un sistema sostenible de gestión de suelos utilizando recursos renovables locales.
La investigación concluye que el guano de aves marinas no fue solo un recurso agrícola, sino un agente de cambio social. Su uso sistemático permitió el florecimiento de una de las sociedades más importantes de los Andes, demostrando que la capacidad de alimentar a una población creciente en un desierto es una hazaña tecnológica que los antiguos peruanos dominaron a la perfección.
