Con el Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA) como aliado estratégico, el Gobierno Regional de San Martín (Goresam) desarrolla un importante proyecto en la Estación Experimental El Porvenir para industrializar el piñón blanco y así convertirlo en biocombustible.
El piñón blanco es capaz de producir hasta 2 o 3 toneladas de semilla que se transforman en 1,800 litros de aceite vegetal por hectárea, los cuales se pueden convertir en 1,869 litros de biodiesel con el beneficio de emitir menos gases contaminantes.
En la actualidad, tres vehículos del Goresam ya usan el combustible. El piñón blanco tiene alto rendimiento en áreas deforestadas, que en el caso de la región San Martín representan más de un millón y medio de hectáreas.
Esta es una planta que no requiere mucha agua, pues posee la capacidad de restaurar suelos erosionados y en sus primeros años puede convivir con otros cultivos. La planta y los subproductos sirven como fuente de trabajo para los agricultores. Su látex de uso medicinal es un buen cicatrizante y su biomasa se usa como abono, así como, para sacar celulosa de uso en la fabricación de papel.
En un reciente reportaje difundido por TV Perú, en la planta piloto de la Estación Experimental El Porvenir, se demostró cómo procesar el fruto para obtener aceite y convertirlo en biodiesel. La prensa a motor es capaz de triturar la semilla del piñón blanco extrayendo su aceite y la glicerina que se usa en las industrias cosmética, farmacéutica, alimentaria y militar, dejando como residuo, la torta que se usa como alimento para animales.
El proyecto piloto que se inició en 100 hectáreas deforestadas de la provincia de Picota, tiene proyectado extenderse a las 10 provincias de la región San Martín. En la actualidad existen más de 500 hectáreas de plantaciones comerciales de piñón blanco, la reconversión productiva está abriendo nuevos horizontes a las familias del campo.
En el 2012 el Gobierno Regional se ha trazado la meta de alcanzar 10 mil hectáreas. Hay recursos y tecnología, pero también se requiere una mayor participación del Estado.
A la luz de esta experiencia, se espera que los resultados contribuyan al desarrollo sostenible de los biocombustibles como una contribución para la reducción de la pobreza, así como la mitigación del cambio climático.