Transformar el dolor en fuerza política y dignidad. Ese ha sido el camino recorrido durante más de una década por Lita Rojas, Ergilia Rengifo, Julia Pérez y Lina Rojas, las mujeres de la comunidad nativa Alto Tamaya-Saweto que, tras la tragedia de 2014, se convirtieron en símbolos de la defensa territorial en la Amazonía peruana. En reconocimiento a esa valentía, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) les otorgó una distinción especial, honrando once años de resistencia frente al olvido estatal y la violencia de las economías ilegales.
El homenaje destaca el liderazgo de estas mujeres ashéninkas quienes, tras el brutal asesinato de los líderes Edwin Chota, Francisco Pinedo, Leoncio Quintisima y Jorge Ríos en septiembre de 2014, no solo tuvieron que asumir la jefatura de sus hogares, sino también la carga de un proceso judicial largo, doloroso y lleno de barreras estructurales. La CNDDHH subrayó que su perseverancia ha sido clave para mantener viva la memoria de sus familiares y visibilizar la deuda histórica que el país mantiene con los pueblos indígenas.
«No voy a bajar la guardia»
Durante la ceremonia, la atmósfera se cargó de emotividad y reivindicación. Ergilia Rengifo, viuda del líder Jorge Ríos, tomó la palabra para dejar en claro que el reconocimiento es un impulso, pero no el final del camino. «Agradezco mucho por habernos invitado. Como mujer ashéninka, voy a seguir luchando y no voy a bajar la guardia porque siguen atropellando mis derechos. Hasta ahora no encontramos justicia», declaró con firmeza, recordando a los presentes que la reparación integral sigue siendo una promesa pendiente.
La Coordinadora Nacional enfatizó que este premio busca interpelar al Estado peruano sobre sus obligaciones internacionales. No basta con recordar; es necesario garantizar protección efectiva a los defensores ambientales y asegurar el respeto pleno a los derechos territoriales para evitar que la historia de Saweto se repita en otras comunidades vulnerables.

La CNDDHH subrayó que su perseverancia ha sido clave para mantener viva la memoria de sus familiares y visibilizar la deuda histórica que el país mantiene con los pueblos indígenas. (Foto: Difusión)
Una sentencia sin capturas
El reconocimiento llega en un contexto judicial agridulce. Si bien en agosto de 2025 el Poder Judicial ratificó finalmente la sentencia condenatoria contra los responsables del cuádruple crimen, Hugo Soria Flores, José Estrada Huayta y los hermanos Segundo y Josimar Atachi Félix, la justicia no se ha materializado en las rejas. A la fecha, los sentenciados permanecen en la clandestinidad, prófugos de la justicia, una situación que perpetúa la sensación de impunidad entre los deudos.
Ante este escenario, organizaciones como la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) y su base regional ORAU, reafirmaron su compromiso de seguir acompañando a las familias. Recordaron que el caso Saweto es emblemático, pero no aislado: más de 30 líderes indígenas han sido asesinados en el Perú por defender sus derechos colectivos y territorios ancestrales frente a madereros ilegales y narcotraficantes.
La premiación a las mujeres de Saweto reafirma que la memoria y la dignidad son pilares para la construcción de un país más justo, pero también envía un mensaje urgente a las autoridades: la verdadera justicia llegará solo cuando los responsables cumplan su condena y el territorio indígena esté, por fin, libre de amenazas.
