Perú vive una paradoja hídrica peligrosa. A pesar de poseer casi el 4% de los recursos hídricos renovables del planeta, enfrenta una distribución geográfica extremadamente desigual y una gestión institucional dispersa que amenaza su desarrollo. Frente a un déficit mundial de agua proyectado del 40% para el año 2030, el país necesita dejar de ver el agua solo como un recurso ambiental y comenzar a gestionarla como un activo estratégico de seguridad nacional.
Esta es la premisa central del documento de política pública “Agua: activo estratégico para el desarrollo sostenible del Perú”, elaborado por Elsa Galarza Contreras, exministra del Ambiente y profesora principal de la Universidad del Pacífico. El estudio, parte de la serie «Agenda 2026», no sólo diagnostica la gravedad de la crisis, sino que propone una solución concreta: el Mecanismo de Articulación para la Gobernanza e Integración Financiera de la Cuenca (MAGIC).
La paradoja de la abundancia y la fragmentación
El diagnóstico de Galarza precisa que mientras más del 98% del agua se localiza en la vertiente amazónica, la costa, donde se concentra la mayor población y actividad económica, accede a menos del 2% del recurso. A esto se suma que sectores clave para la economía, como la minería y la agricultura (que representan el 63% y 16% de las exportaciones, respectivamente), son altamente dependientes del agua y vulnerables al cambio climático.
Sin embargo, el mayor problema identificado no es solo la escasez física, sino la gobernanza. Actualmente, la gestión del agua está fragmentada entre múltiples ministerios (Agricultura, Vivienda, Ambiente, Energía y Minas) y niveles de gobierno, lo que genera inversiones desarticuladas y conflictos sociales.

Mientras más del 98% del agua se localiza en la vertiente amazónica, la costa accede a menos del 2% del recurso, precisa Elsa Galarza Contreras. (Foto: Difusión)
«De no superarse las barreras históricas de la fragmentación institucional, la Gestión Integrada de Recursos Hídricos corre el riesgo de quedar como un concepto teórico», advierte Galarza en el documento.
MAGIC: Una solución desde el territorio
Para romper esta inercia, la investigadora propone la implementación del MAGIC, un esquema que combina la gobernanza participativa con un mecanismo financiero propio para cada cuenca hidrográfica.
El objetivo es pasar de una gestión sectorial (desde Lima) a una gestión territorial real. El mecanismo funcionaría bajo una estructura tripartita diseñada para garantizar transparencia y ejecución:
- Consejo de Gobernanza de la Cuenca (CGC): Una instancia de decisión liderada por la ANA, pero integrada por ministerios, gobiernos regionales, locales, EPS y usuarios de agua (agrarios, mineros), encargada de definir la visión estratégica.
- Comité de Inversiones: Encargado de captar fondos públicos y privados. Galarza propone que este fondo sea administrado por una entidad fiduciaria especializada (como un Banco de Desarrollo) para asegurar el manejo técnico de los recursos.
- Unidad Técnica Operativa: El brazo ejecutor que prioriza proyectos de infraestructura gris (presas, canales) y verde (siembra y cosecha de agua), evaluando su viabilidad técnica y económica.
Financiamiento mixto para cerrar brechas
Una de las innovaciones del MAGIC es su capacidad para movilizar recursos de diversas fuentes, superando la dependencia exclusiva del tesoro público. La propuesta plantea un «Fondo de Inversión Hídrica» por cuenca que se nutra de tres vertientes:
- Fuentes Públicas: Canon, regalías y tarifas reguladas de agua potable.
- Fuentes Privadas: Aportes de usuarios industriales y mineros, así como inversiones de impacto (bonos verdes).
- Mecanismos Innovadores: Pagos por Servicios Ecosistémicos (PSE), fideicomisos y esquemas de blended finance.
Urgencia ante el cambio climático
La propuesta cobra mayor relevancia ante el retroceso glaciar en los Andes peruanos, que han perdido el 56% de su superficie desde 1970. Galarza enfatiza que la infraestructura física por sí sola no garantiza la seguridad hídrica; se requiere una gestión eficiente que incluya soluciones basadas en la naturaleza, como las qochas y la restauración de humedales, integrando el conocimiento ancestral de las comunidades.
«El MAGIC podría hacer que las inversiones programadas no solo se realicen sin demoras, sino que se coordinen con otras que se lleven a cabo en el mismo territorio», concluye el estudio, señalando la ruta para que el Perú asegure el agua necesaria para su población y su desarrollo económico hacia el 2026 y más allá.
