El Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) impulsa el uso del Trichoderma, un hongo benéfico que se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la productividad de los cultivos amazónicos y fortalecer la agricultura sostenible.
Este microorganismo actúa directamente sobre la sanidad vegetal, ya que controla hongos patógenos que afectan raíces, tallos, hojas y frutos, reduciendo significativamente las pérdidas en el campo. Su acción preventiva y correctiva permite que las plantas se desarrollen en mejores condiciones desde las primeras etapas de crecimiento.
Además de proteger los cultivos, el Trichoderma estimula el desarrollo radicular, lo que facilita una mayor absorción de agua y nutrientes. Como resultado, las plantas presentan un crecimiento más vigoroso, mayor resistencia al estrés y un mejor rendimiento productivo.
Más rendimiento con menos insumos
El uso del Trichoderma contribuye a disminuir la dependencia de fungicidas químicos, lo que reduce los costos de producción y optimiza el manejo del cultivo. Al fortalecer naturalmente a las plantas, los agricultores logran cosechas más estables y eficientes, incluso en condiciones ambientales adversas.

El uso del Trichoderma contribuye a disminuir la dependencia de fungicidas químicos, lo que reduce los costos de producción y optimiza el manejo del cultivo. (Foto: Difusión)
Otro beneficio clave es el incremento de la tolerancia a la sequía, una característica especialmente relevante para la Amazonía, donde las variaciones climáticas afectan cada vez más a la agricultura. Las plantas tratadas con este hongo muestran una mayor capacidad de adaptación y recuperación.
Resultados comprobados en cultivos amazónicos
El IIAP investiga el Trichoderma desde hace más de diez años en cultivos como cacao, café y sacha inchi, donde se han registrado mejoras tanto en la reducción de enfermedades como en el aumento del rendimiento por hectárea.
Gracias a estos estudios, el instituto ha identificado cepas nativas con alto potencial productivo, las cuales ya se aplican en campo con resultados positivos para los agricultores. Estas soluciones biológicas permiten mejorar la productividad sin comprometer la salud del suelo ni el equilibrio del ecosistema.
