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Desarrollo

Perú busca integrar la producción de alimentos con la protección ambiental

Ante el impacto de sequías y plagas que afectan la economía familiar, el Estado y las Naciones Unidas impulsan un enfoque de "convergencia" para alinear la seguridad alimentaria con las metas climáticas globales.

El cambio climático ha dejado de ser una amenaza lejana para convertirse en una realidad que altera la mesa de todos los peruanos. Las sequías prolongadas, las lluvias intensas y la aparición de nuevas plagas no solo están modificando la forma en que el país produce sus alimentos, sino que impactan directamente en el precio de la canasta básica y en los ingresos de miles de familias rurales. Ante esta urgencia, el Perú ha iniciado un ambicioso proceso para reconciliar dos desafíos que hasta ahora se manejaban por separado: la necesidad de alimentar a la población y la obligación de salvar el clima.

Esta iniciativa, promovida por el Centro de Coordinación de Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas con el apoyo de los Países Bajos, propone un enfoque de «convergencia». La premisa es clara: la manera en que producimos y consumimos influye en el calentamiento global, y a su vez, este fenómeno pone en riesgo nuestra capacidad de comer mañana. No basta con producir más; se debe producir mejor.

Un legado histórico

Curiosamente, esta visión moderna de sostenibilidad tiene raíces profundas en el territorio andino. Khaled Eltaweel, Coordinador Senior de Programas de la ONU, destacó que el Perú tiene una ventaja histórica en este campo. «Siglos antes de que existiera el término ‘sistemas alimentarios’, los incas ya lo practicaban aquí, integrando la agricultura, la adaptación al clima, la nutrición y la resiliencia comunitaria en una de las geografías más desafiantes del planeta», afirmó el funcionario internacional.

Sin embargo, el escenario actual presenta contradicciones. Eltaweel subrayó que el sistema alimentario peruano se encuentra en un «momento crítico de transición», donde conviven una potente capacidad agroexportadora con persistentes desafíos de inseguridad alimentaria y riesgos climáticos. Un análisis reciente del sector reveló que, aunque el país cuenta con políticas y planes para ambos frentes, estos suelen avanzar en paralelo, sin la coordinación necesaria para medir su impacto real en el territorio.

El diálogo, que ya convoca a autoridades regionales, sector privado, academia y sociedad civil, busca generar recomendaciones concretas. (Foto: FAO)

Perú como país piloto

Para romper estos silos institucionales, el Perú ha asumido un rol activo como país piloto de esta Iniciativa de Convergencia. Lizardo Calderón Romero, Director General de Políticas Agrarias del MIDAGRI, señaló que esta decisión es coherente con los compromisos del Acuerdo de París y busca poner en valor el rol de la agricultura familiar, el eslabón más vulnerable de la cadena ante la crisis climática.

Desde la perspectiva de la FAO, esta integración es vital para la eficiencia del gasto público. Mariana Escobar, representante de dicha organización en el Perú, explicó que la convergencia permitirá alinear las políticas agroalimentarias con las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC), orientando las inversiones hacia resultados que beneficien simultáneamente al ambiente y a las personas. «Esto debe traducirse en mejores condiciones de vida, especialmente para las mujeres rurales, los pueblos indígenas y los jóvenes», acotó.

El diálogo, que ya convoca a autoridades regionales, sector privado, academia y sociedad civil, busca generar recomendaciones concretas. Para Rossana Dudziak, Coordinadora Residente del Sistema de las Naciones Unidas en el Perú, el éxito de esta estrategia no se medirá solo en indicadores técnicos, sino en su capacidad humana: «La convergencia solo tiene sentido si contribuye a garantizar trabajo decente, inclusión y equidad, asegurando que nadie quede atrás en la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles».