El Perú conserva el 96 % de la superficie de sus áreas naturales protegidas (ANP) en buen estado, en un contexto global marcado por la acelerada pérdida de biodiversidad. Así lo informó el Sernanp, organismo adscrito al Ministerio del Ambiente, destacando que estos espacios cumplen un rol clave para la conservación del patrimonio natural del país y su posicionamiento como una de las naciones megadiversas del planeta.
Actualmente, el territorio peruano alberga 5,738 especies de fauna, de las cuales una proporción significativa se encuentra dentro de las ANP. En estos espacios se protegen 263 especies de reptiles, 312 anfibios, 1,758 aves y 447 mamíferos, lo que significa que casi la totalidad de las aves registradas en el país tiene presencia en áreas protegidas. Sin estas zonas, el Perú perdería una ventaja estratégica en términos ecológicos, científicos y económicos.
En los últimos cinco años, las ANP han sido escenario del descubrimiento de más de 50 nuevas especies para la ciencia, confirmando que el país sigue siendo un laboratorio natural de relevancia mundial. Se han identificado nuevos escarabajos en el Parque Nacional del Manu, orquídeas en Yanachaga Chemillén, ranas amazónicas en Alto Purús y reptiles en la Reserva Paisajística Subcuenca del Cotahuasi, además del hallazgo del Pudu carlae, un pequeño venado endémico que despertó interés internacional.
Áreas protegidas frente al cambio climático
Más allá de la conservación de especies, las ANP cumplen una función estratégica como sistemas de alerta temprana frente al cambio climático. Ecosistemas sensibles como los bofedales altoandinos, las turberas, los líquenes y los musgos son monitoreados debido a su rápida respuesta a variaciones de temperatura y humedad. En la Amazonía, los bosques son evaluados bajo protocolos que miden su capacidad como sumideros de carbono.

El Sernanp aplica 104 protocolos de monitoreo a 79 especies de flora y fauna, utilizando tecnologías como cámaras trampa. (Foto: Difusión)
Para este seguimiento, el Sernanp aplica 104 protocolos de monitoreo a 79 especies de flora y fauna, utilizando tecnologías como cámaras trampa, grabadores acústicos, sonares y evaluaciones ecológicas especializadas. Estas herramientas permiten conocer, por ejemplo, la ocupación del oso de anteojos o la presencia del tapir de montaña, especies indicadoras del estado de los ecosistemas.
Frente a amenazas persistentes como el tráfico ilegal de fauna, que afecta especialmente a primates y aves amazónicas, las áreas naturales protegidas funcionan como refugios estratégicos. La vigilancia y el control han sido reforzados mediante tecnología y coordinación interinstitucional, reconociendo que la biodiversidad no solo es un valor ecológico, sino también un activo que genera turismo, investigación científica, empleo local y prestigio internacional para el país.
