Informe científico advierte que la Amazonía pierde conectividad y se acerca al colapso

Más de 300 científicos advierten que la deforestación y las economías ilegales están fragmentando la conectividad de la Amazonía. Urgen frenar esta tendencia antes de llegar a un punto de no retorno, integrando la protección del bosque con los derechos indígenas y una economía sostenible.

El futuro de la selva tropical más grande del mundo y la estabilidad climática global dependen urgentemente de proteger la interconexión entre sus ecosistemas, sus ríos y los 47 millones de personas que la habitan. (Foto: Difusión)
El futuro de la selva tropical más grande del mundo y la estabilidad climática global dependen urgentemente de proteger la interconexión entre sus ecosistemas, sus ríos y los 47 millones de personas que la habitan. (Foto: Difusión)

El Panel Científico por la Amazonía (SPA) ha lanzado una advertencia contundente en su Informe de Evaluación de la Amazonía 2025: Conectividad de la Amazonía para un Planeta Vivo. El documento revela que el futuro de la selva tropical más grande del mundo y la estabilidad climática global dependen urgentemente de proteger la interconexión entre sus ecosistemas, sus ríos y los 47 millones de personas que la habitan.

El pulso vital de un planeta conectado

La Amazonía no es solo un inmenso bosque de árboles, sino un «mosaico vivo de ecosistemas terrestres y acuáticos interconectados». Los más de 300 científicos de esta iniciativa, auspiciada por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, enfatizan el concepto de la «conectividad ecológica y sociocultural». Este término describe cómo el movimiento natural de las especies, el flujo hidrológico y los valores culturales de las comunidades locales interactúan constantemente para sostener el equilibrio de la Tierra.

La relevancia global de este bioma es innegable:

  • Almacena el equivalente a entre 15 y 20 años de todas las emisiones mundiales de dióxido de carbono.
  • Alberga aproximadamente el 13% de todas las especies conocidas en el mundo.
  • Sus «ríos voladores» (masas de vapor de agua en la atmósfera) son responsables de aportar hasta el 50% de las lluvias que caen en otras regiones de Sudamérica, lo cual sustenta la agricultura a nivel continental.
Salvarla exige que los gobiernos dejen de subsidiar su destrucción, que las empresas limpien sus cadenas de suministro y que la sociedad civil exija responsabilidades, pero sobre todo requiere que reconozcamos, respetemos y financiemos a las poblaciones indígenas y locales que han protegido estos bosques durante milenios. (Foto: Difusión)
Salvarla exige que los gobiernos dejen de subsidiar su destrucción, que las empresas limpien sus cadenas de suministro y que la sociedad civil exija responsabilidades, pero sobre todo requiere que reconozcamos, respetemos y financiemos a las poblaciones indígenas y locales que han protegido estos bosques durante milenios. (Foto: Difusión)

Al borde del «punto de no retorno»

A pesar de su importancia, la red de la Amazonía se está fracturando rápidamente. El informe señala cuatro grandes factores destructivos: los modelos económicos basados en la extracción insostenible, la alarmante expansión de las economías ilícitas (como la minería y la tala ilegales), la ineficacia en la gobernanza y el impacto directo del cambio climático global.

Actualmente, casi 300 millones de hectáreas ya han sufrido fragmentación o deforestación completa. La ciencia advierte un escenario crítico: si la deforestación supera el 20% de la cuenca y el calentamiento global excede los 2°C, la Amazonía podría alcanzar un colapso irreversible o «punto de no retorno», transformándose en un ecosistema degradado y perdiendo su capacidad reguladora.

Una hoja de ruta integral para la salvación

Para evitar un colapso sistémico en cadena, el informe del SPA detalla cinco recomendaciones clave orientadas a la acción política y social:

  • Detener la destrucción y restaurar la naturaleza: Se debe frenar la deforestación y los incendios forestales para el 2030. Además, es crucial restaurar al menos 50 millones de hectáreas de tierras degradadas para reconectar los corredores ecológicos vitales.
  • Empoderar a los custodios originarios: Los Pueblos Indígenas y las Comunidades Locales gestionan casi la mitad del bioma. Se exige garantizar la titulación de al menos 50 millones de hectáreas de sus territorios no reconocidos para el 2030. Asimismo, se debe asegurar que al menos el 20% de los fondos climáticos lleguen directamente a estas comunidades.
  • Apostar por la sociobioeconomía: Para el año 2035, se propone reasignar al menos el 20% del crédito rural y las inversiones hacia actividades sostenibles. Esto significa quitar el respaldo financiero a los monocultivos y la ganadería expansiva para apoyar la agroforestería y los emprendimientos locales.
  • Unir fuerzas más allá de las fronteras: Establecer alianzas y acuerdos de gobernanza transfronteriza que permitan desmantelar redes criminales ilícitas, gestionar adecuadamente los recursos acuáticos y terrestres compartidos, y monitorear coordinadamente toda la cuenca.
  • Crear mecanismos de financiamiento masivo: Promover soluciones como el Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF) para canalizar inversiones a gran escala, y crear un fondo de restauración que combine financiamiento climático con iniciativas comunitarias.
Si la deforestación supera el 20% de la cuenca y el calentamiento global excede los 2°C, la Amazonía podría alcanzar un colapso irreversible o 'punto de no retorno', transformándose en un ecosistema degradado y perdiendo su capacidad reguladora. (Foto: Difusión)
Si la deforestación supera el 20% de la cuenca y el calentamiento global excede los 2°C, la Amazonía podría alcanzar un colapso irreversible o ‘punto de no retorno’, transformándose en un ecosistema degradado y perdiendo su capacidad reguladora. (Foto: Difusión)

El momento de actuar es hoy

La Amazonía no es un recurso inagotable a la espera de ser explotado, sino el soporte vital que garantiza la salud de todo el planeta. Llegar a su punto de quiebre ya no es solo una advertencia científica lejana, es una amenaza real a nuestra supervivencia.

Salvarla exige que los gobiernos dejen de subsidiar su destrucción, que las empresas limpien sus cadenas de suministro y que la sociedad civil exija responsabilidades. Pero, sobre todo, requiere que reconozcamos, respetemos y financiemos a las poblaciones indígenas y locales que han protegido estos bosques durante milenios. La conectividad de la Amazonía es el reflejo de nuestra propia conexión con la Tierra: si ella colapsa, nosotros también. Es hora de pasar del diagnóstico a la acción.




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