En un contexto global marcado por el cambio climático, la deglaciación y los incendios forestales, la respuesta para salvar nuestras fuentes de agua podría no estar solo en la tecnología moderna, sino en la memoria de los pueblos originarios. Así lo demostró Marlene Mamani Solórzano, especialista en restauración andina de Conservación Amazónica (ACCA), durante su presentación titulada “Plan de manejo de bofedales en la comunidad de Japu”, en el marco de las celebraciones por el Día Mundial de los Humedales.
Mamani compartió la experiencia de trabajo en la comunidad de Japu (Cusco), perteneciente a la nación Q’ero y considerada el «último bastión inca». Este territorio, que abarca 34,000 hectáreas y una gradiente altitudinal que va desde los 1,300 hasta los 5,200 m.s.n.m., alberga un Área de Conservación Privada de casi 20,000 hectáreas. Sin embargo, incluso en estas alturas, la crisis climática y la contaminación por plásticos a más de 5,000 metros de altura han comenzado a pasar factura.
Ciencia y Cosmovisión: Un solo camino
El proyecto, iniciado con estudios socioeconómicos y agrostológicos en 2016, reveló una realidad preocupante: los bofedales se estaban degradando rápidamente. «Los comuneros nos decían que los bofedales ni siquiera habían cumplido 100 años porque antes eran nevados», relató Mamani, evidenciando el rápido retroceso glaciar.
La clave del éxito en Japu fue integrar la ciencia biológica con la sabiduría ancestral. «Necesitamos volver a esa sabiduría que todavía está guardada y dormida. En Japu todavía conversan con la madre naturaleza», destacó la especialista. El plan de manejo no solo incluyó datos técnicos, sino que se basó en «reconectar» con las montañas (Apus) y las entidades tutelares (Auquis), entendiendo que el agua, la tierra y el sol poseen energía viva.
A través de dinámicas participativas como el «fotovoz», fueron los propios niños y jóvenes quienes identificaron las especies claves para su ecosistema, como la Distichia muscoides y la Plantago rigida. «Esa es la vida para nosotros, de eso se alimentan las alpacas», fue la conclusión de la comunidad, priorizando así qué conservar.

El proyecto, iniciado con estudios socioeconómicos y agrostológicos en 2016, reveló una realidad preocupante: los bofedales se estaban degradando rápidamente. (Foto: Minam)
Tecnología ancestral: El «Mastaí»
Las acciones de restauración implementadas fueron sencillas pero efectivas, basadas en prácticas tradicionales y trabajo comunitario (varones y mujeres):
- Mastaí (Tender el agua): Se redistribuyó el flujo hídrico para que no corriera por un solo canal, logrando irrigar zonas secas.
- Cercos de piedra: Construidos para disminuir la velocidad del agua y evitar la erosión del suelo.
- Abonamiento natural: Se aprovechó el comportamiento de las alpacas y vicuñas —a quienes Mamani llamó «los estercoleros»— para fertilizar el suelo y plantar «minichampas» (pequeños bloques de vegetación nativa).
Entre los resultados presentados por ACCA, hay fotografías comparativas entre mayo de 2021 y enero de 2026 que muestran bofedales que antes eran tierra muerta y hoy lucen verdes y recuperados. «La propia naturaleza se encargó de poner las semillas y crecer. Se ha recuperado el bofedal de una forma tan sencilla», afirmó Mamani, mostrando cómo especies palatables como el Calamagrostis volvieron a poblar la zona sin necesidad de siembra artificial, solo con el manejo del agua.
Escalando la esperanza
El éxito en Japu no es aislado. Mamani confirmó que esta metodología de siembra y cosecha de agua y restauración se está escalando al Área de Conservación Regional (ACR) Ausangate, donde los pastos nativos han mostrado recuperación en tiempos récord de cuatro meses.
La estrategia de Conservación Amazónica, que lleva 26 años trabajando en los Andes-Amazonía, propone un manejo territorial integral: proteger las cabeceras de cuenca (nevados y bofedales) para asegurar el agua de los bosques, la agricultura y las poblaciones cuenca abajo. «Si ponemos pinos y eucaliptos arriba o actividades extractivas, ya fuimos en la parte baja», advirtió la especialista.
Mamani cerró su intervención con una metáfora sobre la unidad necesaria para enfrentar la crisis ambiental: «Somos como el agua que se junta gota a gota para recorrer su camino. Si entre nosotros no nos comunicamos, nada vamos a poder solucionar».
