Los árboles patrimoniales de Lima Metropolitana representan mucho más que elementos ornamentales del paisaje urbano: son testimonios vivos de la historia, la identidad cultural y la biodiversidad de la ciudad. Actualmente, 26 ejemplares han sido reconocidos oficialmente por el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri).
Estos árboles han sido declarados patrimoniales mediante ordenanzas municipales, tras evaluaciones técnicas que consideran criterios como longevidad, dimensiones excepcionales, belleza escénica, singularidad de formas y su estrecha relación con la memoria colectiva y el entorno urbano. Su reconocimiento busca garantizar su protección frente al avance de la infraestructura y el deterioro ambiental.
Identidad, servicios ecosistémicos y memoria urbana
Más allá de su valor simbólico, los árboles patrimoniales brindan servicios ecosistémicos esenciales para la ciudad, como la regulación térmica, la captura de carbono, la mejora de la calidad del aire y el bienestar de la población. El director ejecutivo del Serfor, Erasmo Otárola Acevedo, resaltó que estos ejemplares forman parte de la identidad de los distritos y contribuyen a la construcción de un paisaje urbano sostenible.
En Lima, el distrito de Magdalena del Mar lidera el reconocimiento con ocho árboles patrimoniales, seguido por Santiago de Surco con seis y San Isidro con cinco. Puente Piedra alberga tres ejemplares, mientras que Chorrillos, Miraflores y Pueblo Libre completan el mapa del patrimonio forestal urbano, evidenciando el rol clave de los gobiernos locales en su conservación.

En Lima, el distrito de Magdalena del Mar lidera el reconocimiento con ocho árboles patrimoniales, seguido por Santiago de Surco con seis y San Isidro con cinco. Puente Piedra alberga tres ejemplares, mientras que Chorrillos, Miraflores y Pueblo Libre completan el mapa del patrimonio forestal urbano, evidenciando el rol clave de los gobiernos locales en su conservación. (Foto: Difusión)
Conservación especializada y valor educativo
La preservación de estos árboles requiere protocolos de manejo diferenciados que respeten su arquitectura natural, la integridad del sistema radicular y las condiciones del entorno urbano. Según Serfor, una gestión adecuada es fundamental para asegurar su estabilidad estructural y su buen estado fitosanitario a largo plazo.
Entre los ejemplares más emblemáticos destaca un olivo (Olea europaea) con más de 380 años de antigüedad, ubicado en el Bosque El Olivar de San Isidro, considerado el árbol más longevo de la lista. También resalta el ombú (Phytolacca dioica) de 200 años en Pueblo Libre, plantado por el Libertador José de San Martín, así como una araucaria (Araucaria columnaris) de 44 metros de altura en San Isidro, una de las más altas de la capital.
Finalmente, los árboles patrimoniales representan una oportunidad para impulsar rutas turísticas, educativas y culturales en la ciudad. Integrarlos en estrategias de educación ambiental no solo fortalece el respeto por la biodiversidad urbana, sino que también puede generar beneficios económicos para las municipalidades y reforzar el vínculo entre la ciudadanía y su patrimonio natural.
