En el extremo suroeste de Piura, la Reserva Nacional de Illescas enfrenta una amenaza persistente: la pesca ilegal con chinchorro y redes de arrastre, prácticas que afectan la biodiversidad de esta zona protegida. A pesar de los esfuerzos del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), la falta de un control efectivo y la exclusión del mar en la categoría de protección dejan vulnerable a este ecosistema único.
Un ecosistema sin protección total
La Reserva Nacional de Illescas fue creada en 2010 para proteger 36 550 hectáreas de ecosistemas desérticos y costeros donde confluyen aguas frías y tropicales, generando un hábitat propicio para una diversidad de especies marinas y terrestres. Sin embargo, su delimitación solo abarca el territorio terrestre y no incluye el mar adyacente, lo que ha permitido que la pesca ilegal continúe sin una supervisión estricta.
Silvana Baldovino, directora de Biodiversidad y Pueblos Indígenas de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), sostiene que este vacío de protección ha facilitado la sobreexplotación pesquera. “Illescas debió ser declarada un área protegida marino-costera, como la Reserva Nacional de Paracas» señaló a Mongabay.
La presión de la pesca ilegal
Los guardaparques del Sernanp han reportado enfrentamientos con pescadores que ingresan a la reserva o operan en sus límites utilizando redes de arrastre y chinchorro, ambas prohibidas por su impacto en el ecosistema marino. En múltiples ocasiones, las embarcaciones han sido intervenidas, pero la reincidencia es alta debido a la falta de sanciones efectivas y la dificultad de vigilancia en un área tan extensa.

La pesca con chinchorro, una técnica que implica el uso de redes extensas para capturar grandes volúmenes de peces, ha sido identificada como una de las principales amenazas para la fauna marina. Según el biólogo marino Yuri Hooker, en entrevista con Mongabay, estas redes afectan la estructura del ecosistema al capturar indiscriminadamente especies en distintas etapas de desarrollo.
El impacto de estas prácticas no se limita a la fauna marina. Las redes de arrastre, que remueven el fondo marino, generan la destrucción de hábitats esenciales para el ciclo de vida de especies como el caballito de mar (Hippocampus ingens), el pez guitarra (Rhinobatos percellens) y el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti), una especie catalogada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
¿Qué se puede hacer para proteger Illescas?
En el Plan Director de Áreas Naturales Protegidas 2024, el Sernanp ha identificado el mar de Illescas como un Área de Alto Valor para la Conservación, lo que abre la posibilidad de crear una reserva marina que brinde protección a los ecosistemas marinos y refuerce el control de la pesca ilegal. Sin embargo, existen obstáculos legales: la actual normativa impide ampliar el área protegida existente, por lo que la única alternativa sería la creación de una nueva unidad de conservación marina.
Organizaciones ambientales han propuesto establecer una zona de amortiguamiento marina para regular la pesca en el área circundante a la reserva. Esta medida permitiría reducir la presión sobre la biodiversidad sin afectar directamente a los pescadores artesanales que dependen de estos recursos.

Además, el Sernanpp ha impulsado acuerdos de conservación con comunidades pesqueras para fomentar el uso de técnicas sostenibles. Sin embargo, estos acuerdos tienen un alcance limitado, ya que la pesca ilegal sigue siendo una práctica común ante la falta de fiscalización efectiva y la necesidad económica de las comunidades locales.
*Lee aquí el artículo original de Mongabay.