El exorcismo del Monzón

Artículo de Rubén Vargas, analista político, publicado en MONZÓN La Revista

Si analizáramos sin taras ideológicas ni mezquindades la actual situación del Monzón veríamos que, después del proceso -a veces doloroso- de erradicación de la coca ilegal, los campesinos se muestran más optimistas y abiertos al cambio que se está produciendo en todo el valle.

A pesar del discurso amenazante que aún se escucha en algunos personajes acostumbrados a servir a los oscuros intereses, Devida y sus programas de desarrollo alternativo están llegando cada vez a más caseríos, con lo que se está rompiendo la desconfianza y el miedo inicial.

Se intentó muchas veces pero no se pudo instalar una comisaría. Ahora se observan hasta tres, que albergan a más de cien policías con la delicada misión (espero así entendida) de reconciliarse con esa población que fue duramente castigada por el terrorismo y abandonada a su suerte en la década de los ochenta.

Otro síntoma de los nuevos tiempos es la presencia, a pequeña escala pero muy importante, del Banco de la Nación, esto era impensable hace dos años atrás. Y aún hay más. Estamos escuchando hablar, cada vez con más naturalidad, al alcalde Job Chávez de temas de desarrollo, de apoyar a la presencia policial y exigir mayor inversión pública en los servicios básicos. Atrás quedó el “coca o muerte”.

Un poco tarde pero también el Gobierno Regional de Huánuco está haciendo lo suyo con el mantenimiento de la carretera y construyendo puentes. Ojalá esto fuera el preludio para que la Interoceánica vuelva a su trazo original.

Me dicen que muy pronto se retomaría el proyecto hidroeléctrico en Sachavaca-Tamshi; de ser así, el exorcismo del Monzón casi habrá terminado.




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